Lamo con avidez, el sabor cobrizo mezclándose con su piel, mi polla goteando sobre mi abdomen.
Él se desplaza hacia abajo, el cuchillo recorriendo más abajo, presionando el plano de la hoja contra mis huevos... provocando, amenazando... antes de girarlo para delinear mi agujero.
—¿Alguna vez te ha follado el acero? —Su voz es baja, peligrosa.
Asiento, abriendo más las piernas, con el corazón martilleando. Él introduce la punta lentamente, el metal frío invadiéndome, estirándome lo suficiente pa