No quería que Letty tuviera por más tiempo esa mirada triste, quería hacer algo por ella, que sonriera abiertamente y sin miedo.
Ella observaba todo a su alrededor curiosa, pero podía sentir su incomodidad. Así que intenté restarle tensión al ambiente colocando música instrumental, saqué una silla para ella y la invité a sentarse, pero se rehusó.
—¿Qué pasa?—pregunté confundido.
—Quiero ayudarte.
—Hoy eres mi preciosa invitada, toma asiento, por favor.
Entonces ella puso sus ojitos de perrit