Alana entró al portal y cruzó con prisa, pero cuando llegó a la cabaña, comenzó a recorrer el lugar y a llamar a Sebastián a gritar su nombre, pero debía resignarse porque todo estaba oscuro, aunque la chimenea aún estaba humeante, pero eso solo significaba que Sebastián se había marchado, ella corrió hacia la puerta al oír el galope del caballo, pero estaba cerrada al igual que las ventanas, ella encendió las lámparas e iluminó toda la cabaña, y se quedó mirando por la ventana con la esperanza