—No digas que no está interesado en ti, aunque sí se interesara de ti, no te querría. En Capital Imperial, nadie se atreve a aceptar a la mujer que no quiero.
Cecilia se enfureció bastante con sus palabras y se giró para fulminarle: —¡si crees que esta razón te perjudica en imagen, puedes cambiarla por otra, por ejemplo, la esposa está enferma y quiere vomitar al verte, o no tiene respuesta fisiológica para satisfacer la vida de pareja!
—Cecilia Sánchez... —apareció la ira en los ojos de Bosco,