Mundo ficciónIniciar sesiónLaurita, no paraba de llorar también la tenían amarrada y sus ojos vendados, no sabía a donde la llevaban, ni cuál era el destino de su suegra.
«Por favor que no me hagan daño» iba repitiendo en su mente, repitiendo todas las oraciones que el Padre Fausto, le había enseñado.
Casi al anochecer el vehículo se detuvo en medio de un bosque, la obligaron a bajar de la camioneta, y después a la fuerza







