—¡Oh, el griego! —el hombre expresó con desdén— ¿Así que andas con él?
—No entiendo a qué se refiere, señor Castle…
—Si está conmigo o no, creo que eso no es tu incumbencia —Bastiaan no la dejó terminar, y se interpuso entre ellos.
Pudo ver en el rostro de Cara el asombro.
—No creo que a Tito le guste, que estés con su asistente —se cruzó de brazos—. ¿Esta es ahora tu manera de tomar ventajas de los negocios?
En el instante en que dijo esas palabras, Bastiaan ya lo había agarrado por la solapa