No se puede ser amigo de una mujer cuando se puede ser su amante.
Anónimo.
Por fracciones de segundo, Theresa pensó en todos los problemas y consecuencias que ocurriría de aceptar la propuesta de Michael, pero miró sus hermosos ojos llenos de deseos, de un deseo que ella había despertado y supo que pasar una noche en sus brazos valía la pena soportar cualquier dificultad, aunque no podía ocultar su temor.
— No sé si esto sea buena idea — le susurró sinceramente.
— Confía en mí...
Ella envolvió