El tráfico era un completo desastre en la hora pico, agrégale a eso, los sonidos insistentes que los conductores realizaban al tocar la bocina de su auto con suma insistencia.
—¡Ahhhh! —Amber tocó la bocina como si fuera una baterista—. ¡Demonios!
—¡Deja de tocar la bendita bocina! —Callie le dio una mala mirada—. Me terminas de estresar.
—Odio tener que lidiar con los tráficos. —Amber colocó las manos sobre el volante, apretándolo con fuerza—. ¡Me sofocan!
—Creo que ese sería el colmo de los t