Bella traga saliva y decide tomar las riendas de la situación, por más de que dentro de su cabeza tenga mil preguntas. El hombre tiene sus ojos fijos en ella, sin embargo, no hace ni una sola mueca hasta que está cerca del mostrador.
—Buenos días, ¿Qué se le ofrece? —la sonrisa fingida de Bella no es captada por el hombre
—¿Usted es la dueña del lugar? —pregunta con su rostro serio
—Sí, señor.
—¿Es la única dueña? —Bella frunce el ceño
—Disculpe, ¿Por qué necesita esa información?
—En real