Capítulo 3.

Ema.

Para mí pasaron horas en las que el extraño se sumergió entre mis muslos para hacer cosas vergonzosas con su lengua.

Había perdido la cuenta del número de veces que me llevó al orgasmo, lo calmó y lo volvió a reconstruir.

Estaba sudando y me quedé sin voz en algún punto, por lo que ya solo emitía suspiros y quedos gemidos que parecían gustarle aún más que las palabras.

Mi celo seguía palpitando dentro de mi vientre, solo que se calmaba por unos segundos antes de explotar de nuevo junto a
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