Capítulo 23.
La limpieza solo de mi cuarto me llevó al rededor de veinte minutos.
Veinte minutos en la que me dediqué a planear cómo quitarle los pelos a cada uno de esos pumas de la forma más dolorosa posible.
Se habían metido con mis pocas y valiosas posesiones.
Después de que terminé de colocar en bolsas de basura los destrozos, las lágrimas comenzaron a brotar sin control.
Esta era una casa llena de recuerdos. Por eso que me resistía a siquiera cambiar el color de las paredes.
Mi familia aún vivía a tra