Eva sintió un frío recorriéndole la columna. Mientras pasaba el paño por la superficie de madera oscura, las palabras del hombre caían como gotas de veneno.
No hablaban de una persona, hablaba de un "juguete despachado" como si la vida que se había extinguido no fuera más que un objeto roto que ya no servía.
El cliente, sin dejar de mirar su teléfono, hizo un gesto seco con los dedos señalando su vaso vacío.
Eva, con el rostro convertido en una máscara de piedra tomó la botella y sirvió el lico