Leo ya estaba cansado de todo, era hora de dejarle todo en claro, pues él no tenía ni la más mínima idea de casarse con ella y menos con Julia de nuevo en su vida.
—¡Leo!, No puedes marcharte y dejarme así —chilló Soledad a punto de caer en llanto.
—Claro que puedo, es más pensaba decirte esto después de volver, pero creo que mejor que te vayas, mi hija no está y yo tampoco voy a estar y mi boda contigo tampoco va ser, entonces no hay necesidad que sigas en esta mansión
Soledad abrió sus ojos c