¿Acaso estaba soñando?, O solo era una pesadilla que nunca terminaría.
—¡Lárgate de mi casa imbécil! —vociferó Juliá.
—Claro que sí cariño, solo que tú vienes conmigo. —Los ojos de Julia se abrieron como platos.
—No se como pude quererte alguna vez, ¡Me das asco! —Julia armó una enorme bocanada de saliva y la escupió sobre Ángel.
Quien solo sonrió, para después sacar su lengua y lamer todo lo que Julia le había echado en su cara.
—En cambio yo te sigo amando cariño, y te pienso demostrar todo m