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David no tuvo necesidad de llamar a la puerta de la mansión Hamilton. Alguien le abrió y le invitó a seguir sin tener él que decir su nombre o la razón por la que estaba aquí.

Lo hicieron esperar en la misma hermosa sala en la que había estado con Marissa la vez que vinieron a cenar. No se sentó, sino que se paseaba de un lado a otro sin poder mantener las manos quietas. Cuando Hugh apareció, lo hizo luciendo

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