Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Mis piernas se clavaron al pavimento. Ni siquiera me salía la voz, por más que intenté gritar. Con mucho esfuerzo logré mover un dedo hacia el botón de llamar en WhatsApp y pedí a Dios, la virgencita y todos los santos que Iván contestara.
No pasó.
El olor metálico del concreto húmedo se mezclaba con el humo dejado atrás por los autos. Cada respiro se me atascaba en la garganta como piedras.
Respiré hondo varias veces. La silueta se movió en mi dirección, lenta