Andruw Di'Marco.
No podía controlar la rabia asesina que me rugía en las venas y que, de alguna manera, había comenzado a transformarse en un horrible monstruo sediento de sangre. Si antes creía que mi demonio interior había despertado, ahora estaba seguro de que estaba a punto de volverse imparable.
No descansaría hasta que tuviera la jodida cabeza de Ali Haddad servida en bandeja de plata, pero antes de eso me encargaría de que sufriera en carne viva cada segundo de angustia que ahora yo esta