Capitulo XXV

La puerta de su oficina está ligeramente abierta, el corazón me late fuerte, todo podría salir mal. Si me equivoco con él, estamos perdidos.

—Señorita Muñiz —saluda el hombre poniéndose de pie.

Viste un traje de tres piezas en azul oscuro, su cabello gris prolijamente peinado, tiene un rostro solemne. Se nota que es un hombre mayor, pero todo en él llama al respeto.

—Señor fiscal, gracias por

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