Capitulo XXIV

La mañana comienza con buena perspectiva, me encuentro abrazada al cuerpo tibio de Ignacio en la cama, no ha pasado gran cosa, pero dormir a su lado lo ha significado todo. El sol se cuela por la ventana, es una calurosa mañana de principio de diciembre.

Me levanto sin hacer ruido y tras un breve paso por el baño comienzo a preparar el desayuno para todos. Lourdes no tarda mucho en unirse a mí en la cocina. Comienza a cebar mate, mientras termino con las tos

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