92. Tesoro
—Entonces dime, tesoro… — dijo invadiendo mi espacio personal.
Odiaba que hiciera esto. Era agobiante sobre todo saber que mis sistemas de protección y seguridad que consistían en ponerme en alerta cada vez que un hombre se acercaba más de lo debido no estaban funcionando. Me estaba dejando expuesta y eso si que no se lo iba a perdonar jamás.
Es jodidamente irresistible, no voy a negarlo. Todo su cuerp es puro magnetismo, su manera de hablar, su rostro, todo de él llama al jodido pecado y a la