85. Hacer lo que debo hacer
Había migrado del bar a un par de mesas, coqueteaba y hablaba con algunos muchachos, que me había encontrado ahí, básicamente, traté de mezclarme. El alcohol que había tomado antes parecía relajarme un poco y estaba agradecida porque la tentación de sacar mi arma y dispararle a cada hombre que me tocaba era fuerte.
Estaba feliz porque para mi sorpresa tenía un sentido de la paciencia mucho más grande del que me suponía, porque las cosas se estaban moviendo más lento de lo que deberían haberlo h