—La verdad es que no soy ninguna chica de los recados, ni quiero serlo. Me estoy hartando de este juego. Solo dile que vine y su abogado quiere saber cuándo quiere el contrato reenviado— dijo Amanda deslizándose de su taburete como si de verdad no quisiera aguantar ni un segundo más en este lugar.
Ya éramos dos.
—¿Qué contrato?— Pregunté, recordando vagamente que Hugo me había ofrecido otro contrato cuando conocí a Amanda.
—Eres súper inteligente, ¿no? Des..cúbrelo— gritó Amanda por encima del