En Heaven Hall, una sola palabra: ‘Ejecutar’, convirtió la sala en un cementerio. Una repentina y escalofriante cacofonía de cristales rotos y cuerpos golpeando el suelo resonó por la habitación. En un instante, todos los hombres de los Walker, excepto Calvin, colapsaron, cada uno derribado por un solo disparo preciso.
Treinta vidas fueron extinguidas como velas apagadas por una ráfaga repentina. Las armas tintinearon al deslizarse de las manos sin vida, y los cuerpos yacían extendidos sobre el