Álex salió del salón sintiéndose entumecido y se desplomó en la banca del jardín.
Se quedó mirando al vacío, perdido en pensamientos demasiado oscuros y pesados como para sacudírselos. No tenía idea de cuánto tiempo había pasado cuando Kelly se acercó furioso.
—¿Por qué hiciste esto, Álex? —le gritó Kelly, su voz cortante como una navaja.
Álex frunció el ceño, confundido.
—¿Hacer qué?
—No te hagas el idiota conmigo —le siseó Kelly, con la ira ardiendo en sus ojos—. Sé que eres un alto rango de K