—¡Que te jodan, Álex! —escupió Gilbert, sangre goteando por su rostro golpeado—. Eres solo un mocoso militar lavado que es un poco más fuerte que el promedio. ¿Crees que te tengo miedo?
—Deberías tenerlo —gruñó Álex, acercándose, los ojos fijos como trampas de acero.
Gilbert se burló, la arrogancia ocultando su miedo.
—Tengo suficiente dinero para enterrarte vivo. Le pagaré a cualquiera para que te corte el cuello, y una vez que te hayas ido, acabaré con Sofía y exterminaré a toda su familia tam