Álex y Lyra entraron a un café pintoresco escondido detrás de una floristería modesta, alejado de la calle bulliciosa.
El aire estaba fragante con rosas y granos de café, pacífico pero extrañamente cargado.
Lyra echó una mirada escéptica alrededor. —Álex, en serio, ¿por qué estamos aquí?
Álex sonrió mientras abría el menú. —Confía en mí, Lyra. Si mi corazonada está bien, nos espera todo un espectáculo.
Ella levantó una ceja juguetona. —Si tú pagas, esto podría calificar como una cita.
Él se rió