—¿Álex? Tú otra vez —se burló Enrique, girándose bruscamente con ojos venenosos fijos en el hombre que se atrevió a interrumpir su triunfo.
—¿Qué diablos trae a un don nadie como tú aquí?
—Solo trabajando —dijo Álex casualmente, su tono goteando desdén.
—Pero aún no me has respondido: ¿Mataste a este bruto para mantenerlo callado?
—¿Estás loco de remate? —se burló Enrique con arrogancia, mirando a Álex por encima del hombro como si se dirigiera a una rata bajo sus botas.
—Este bastardo atacó a g