—¿Realmente crees que eres lo suficientemente hombre para matarme? —se rió Enrique burlonamente, su voz goteando desdén venenoso.
—¿Realmente has pensado esto bien? ¿Tienes alguna idea de lo que pasará en el momento que me pongas un dedo encima? Mi padre destrozará tu mundo, extremidad por extremidad.
—Kelly Kingston—no eres más que un cachorro callejero al que los Kingston se compadecieron lo suficiente para tirarle sobras. ¿Cómo te atreves siquiera a mirarme a los ojos, mucho menos amenazarme?