—Solo acaba con el bastardo —escupió Tommy con desdén, su voz goteando desprecio, sin siquiera molestarse en considerar quién era el padre de Shane.
El desprecio en sus ojos brillaba más que los letreros de neón parpadeantes arriba, despiadado y frío.
—¡Sí, jefe! —respondieron sus matones al unísono, ansiosos por derramar sangre.
El metal silbó por el aire mientras bastones de hierro emergían de debajo de las chaquetas, sus superficies romas reluciendo amenazadoramente bajo las luces.
—¿Ustedes