Álex observó con indiferencia glacial mientras los guardaespaldas de Owen se abalanzaron hacia adelante y arrebataron la caja ornamentada de su mano. Los dejó tenerla—por esta vez.
—Maldito charlatán ignorante —escupió Owen venenosamente, su mueca lo suficientemente afilada como para cortar acero—. La Raíz Celestial no es solo alguna hierba milagrosa—es el tesoro definitivo para guerreros como nosotros. Tú, una excusa patética de doctor, no podrías apreciar su valor ni aunque te mordiera el tras