—¡Rápido! ¡Rodeen este lugar! ¡Nadie sale!
Un escuadrón de guardias fuertemente armados irrumpió, bloqueando cada puerta y pasaje.
El aura letal que irradiaba de sus armas hizo que la sangre de todos se helara.
—¿Quién es Sofía Lancaster? ¡No me hagan repetirlo! —exigió el soldado al mando, su mirada tan afilada como un cuchillo.
Todos se quedaron paralizados de asombro, observando a los guardias invadir el lugar. Intercambiaron miradas confusas.
—Oficial, ¿qué está pasando? —preguntó Florence,