Llegaron a uno de los hoteles más grandes de Vancouver en tiempo récord, con Lyra marcando un ritmo acelerado y sin ofrecer explicación alguna.
Simplemente tomó a Álex de la mano y lo guió hasta el salón del décimo piso, donde esperaban dos hombres.
Uno era el padre de Lyra, Joe Thompson, que se veía más saludable que la última vez que Álex lo había visto.
El otro era un hombre quizás veinte años mayor que Álex, construido como un boxeador veterano, con el tipo de mirada intensa que sugería que