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Ya en la oficina de Lara, la atmósfera era pesada, cargada de una tensión que sentía desde el momento en que entré. Lara estaba más malhumorada que de costumbre, sus ojos oscuros fijos en algún punto distante mientras hojeaba papeles con movimientos bruscos.
— Necesito que organices estas carpetas para mí — ordenó, sin mirarme, empujando una pila de documentos en mi dirección.
— Sí, señora — respondí, con la voz neutra, cogiendo las carpetas y colocándolas en mi mesa para organizarlas alf