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Despierto con un sobresalto. Miro el reloj y veo que ya ha pasado del mediodía. La luz del sol es más fuerte, y mi estómago vuelve a rugir — hora de comer.
Me levanto y me cambio de ropa, esta vez arreglándome mejor. Me peino, me pongo un poco de maquillaje ligero, elijo una ropa decente. No quiero darle a Eugene más munición para llamarme desaliñada.
Voy a la cocina y veo a algunas cocineras preparando la comida a ritmo acelerado. Ollas humeantes, aromas deliciosos llenando el aire. Lavo m