— Me alegra que Stella se haya casado contigo, por fin esta chica sirvió para algo y dio algunos buenos negocios para la familia — dice mi padre, escupiendo veneno con su lengua, que no sirve para otra cosa que ofenderme siempre que puede. Me tenso, me quedo callada, porque no puedo decir nada, ya que aquí no tengo voz.
— Creo que Stella es mucho más que una moneda de cambio, señor, sin ánimo de ofender. Y soy yo quien se alegra de casarme con alguien decente y con carácter, como ella, a difere