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— Mi madre nos ha invitado a cenar — comenta Stella en la mesa, algo recelosa.
¿Cenar en casa de su familia? No me parece algo que me guste. No conozco bien a sus padres. La única vez que tuve un poco de conversación fue con la madre, que me suplicó que cuidara de su hija unos días antes de la boda. El padre parecía ignorar completamente el asunto, un verdugo igual que mi abuela. La diferencia es que mi abuela es mil veces peor. Pero su padre no dudó en prácticamente vender a su hija para