9. Debilidad
Soltándome de la imagen sensual de ese francés, empiezo con mi labor. Mis ojos traviesos se desligan del trabajo, para clavarse en él, que se tira a la piscina, para zambullirse de nuevo, un par de veces también me mira, y disimulo, no quiero ser una descarada. Él, sale de la piscina y se acuesta en una tumbona, se ubica a unos tres metros de mí, una distancia que no refleja lejanía, por ende me convierte en gelatina. Desde ahí me observa, sin esconderse en el miramiento furtivo, es un casanova