38. El Enigma: Cristian
Silvain, aparece de pronto en la cocina, estoy por servir el pollo en un plato; se aproxima hasta subirse a un taburete y apoya los codos en mesón, de soporte sus palmas sostiene su cara y me mira.
-Pensé que tendrías hambre. ¿Te apetece?
Niega, no deja de verme, empiezo a creer que el malestar pasado y del que solo queda poco le afectó. Me muevo como si doy pasos en un campo minado, sigilosa.
-Vete a casa -me repite -. Después de almorzar, necesito estar solo.
¿Es en serio? Si quiere estar