30. Su Orgullo
Abro los ojos al amanecer. La luz se filtra por las cortinas de la habitación. A mi lado no hay nadie, cosa que no debería de extrañarme. Ya Silvain se ha marchado, dejándome sola. Me siento en la cama y con las sábanas me tapo el pecho, entonces trato de espabilar todos mis sentidos; algo dista de la otra noche con la de ayer, dos cosas: no radica arrepentimiento en mí y he sentido muchas cosas, tanto así que hoy me siento distinta.
Esto es patético, quiero echarme a llorar, porque sé que Sil