29. Dominante
Mi sangre se paraliza, la vitalidad del aire se ha ido, una bruma densa aplasta mis sentidos. Ya no estoy al pie de la colina, caí ya ante en él: un depredador. Que no hace bien.
¿A quién le importa saberse en la derrota cuando la cordura se ha ido?
En poco, vuelan las cenizas y los insectos aletean en mí. Un poco de la sutileza que no emplearía, existe.
La emoción ya es una mezcolanza, lo pernicioso es una ilícita sustancia que aspiro que me lleve a la sobredosis. La flama me devora. Ya no