21. Seducción Silenciosa
A la corta, no tengo qué hacer nada más. Pero el idiota de Silvain me retiene hasta que se haga la hora de mi salida; me impone cumplir con el horario. Estoy hasta los cimientos, se supone que ya puedo irme, incluso si mi salida no es aún, pero en vista de que he terminado y él no me da otra demanda, puede permitir que me vaya.
«¿Qué diantres le pasa?».
Me quedo en la habitación, trato de no perder la paciencia, lo cual es díficil. Las horas van al ritmo de una tortuga, ahora que el tiempo es