54. UN MACHO AFORTUNADO
NARRADORA
Las manos de Eldora se aferraron a las rocas, con las piernas abiertas, las nalgas empinadas, recibiendo ese grueso falo que la calentaba y la llenaba de placer.
Asher la embestía con rabia, con pasión, sin piedad, sujetándola del cuello y la cadera, haciendo que su cuerpo oscilara, que su boca pecaminosa no se pudiera cerrar de tanto gemir.
Los senos de la bruja fueron estrujados y manoseados, su vagina convulsionaba de éxtasis, sus ojos rodaron en blanco.
Pero cuando perdía el contr