En Moscú, donde estaba la principal empresa de Pétrov, estaban Mijaíl y Dominik en la oficina con la puerta cerrada, demostrándose su amor por medio de besos profundos y sus manos acariciando sus cuerpos. Los empleados estaban enterados de su inmenso amor, por eso no existían murmuraciones ni críticas sobre ellos, entre caricias Dominik hablaba con su novio
—Mi amor eres lo mejor que me ha pasado, bendigo el día en que aceptaste ser mi novio, te adoro, lo eres todo para mí —Mijaíl en los brazos