75. Difícil tarea.
~Rowan~
Llegamos a la cabaña a trompicones, sin poder despegar nuestros labios ni un segundo. Entramos igual de desesperados, cerré la puerta de un puntapié y arrojé sus sandalias al suelo para liberar mis manos. Necesitaba tocar cada centímetro de su cuerpo.
Nos devorábamos la boca como dos animales hambrientos, buscando aire y lengua en un duelo desenfrenado. La levanté y ella volvió a enroscar sus piernas alrededor de mi cintura, apretándome. Solté un gemido ronco cuando sentí su coño frota