58. Línea cruzada.
~Narrador omnisciente~
Entraron a la habitación a trompicones, con la urgencia del alcohol y el deseo empujándolos contra la puerta en cuanto se cerró. Uriel mantenía sus labios pegados a los de ella mientras sus manos recorrían su cuerpo con una confianza que a Flor le resultaba abrumadora.
Ella estaba temblando, presa de unos nervios que amenazaban con paralizarla. Se sentía torpe, sin saber exactamente dónde poner las manos o cómo responder a la intensidad de sus caricias, pero él no parecí