172. El repudio de un hijo.
—¡Tú intentaste matarlo! —las manos de William se cerraron alrededor del cuello de su esposa en pleno pasillo del hospital—. ¡Fuiste tú! ¿De qué te lamentas ahora? ¡No mientas, yo vi cómo lo empujaste!
El hombre estaba tan fuera de sí que no era consciente de sus actos ni del lugar donde se encontraba. En lugar de recibir una respuesta de arrepentimiento, una pequeña y maliciosa sonrisa curvó los labios de Victoria.
—¿Tienes pruebas? —murmuró fríamente—. ¿Quién te va a creer? Fue un accidente,