Con un movimiento fluido y potente, retiró su dedo y se enderezó. Trasteó con su cinturón, desabrochando la cremallera con indiferencia. Bajó sus pantalones y calzoncillos lo justo, y su verga saltó libre, goteando ya por la punta.
Lucian no le dio tiempo a mirar, a pensar. Sus manos fueron a sus caderas, tirando de ella hacia adelante, alejándola de la puerta, hasta que quedó encaramada en el borde mismo del asiento. La levantó, acomodándola, y luego se guio a sí mismo hacia su entrada.
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