Por Abigail
Por unos días no lo ví.
El sábado por la mañana, llegó a la mansión la señorita desagradable.
Pidió verme y yo tenía miedo, que se hubiera enterado que el doctor me besó, aunque los únicos que lo sabíamos éramos él y yo.
No sabía qué pensar.
Me informó de una reunión para ese mismo día y me pidió una lista inmensa de aperitivos y bocadillos, canapés y sándwich, con ingredientes difíciles de conseguir.
Estuve toda la mañana corriendo, para conseguir lo que la señorita engreída pidió.