El silencio en la habitación se hizo más opresivo que nunca. La única fuente de luz provenía de una pequeña lámpara en el rincón, cuyas sombras temblaban en las paredes descoloridas. Alison intentó relajarse en la silla, pero sus ataduras le cortaban la circulación, y su mente estaba en alerta máxima. Cada segundo junto a Ophelia parecía un paso más hacia el abismo.
Ophelia se sentó frente a Alison, cruzando las piernas con una calma desconcertante, como si fueran dos amigas en una conversación