El ruido constante de la lluvia golpeando el parabrisas se mezclaba con el zumbido tenue del motor mientras Zane conducía por las calles mojadas. A pesar de que la tormenta no daba tregua, su conducción era firme, precisa, pero sin prisa. Alison estaba sentada a su lado, sintiendo el peso de su presencia en cada fibra de su cuerpo. La atmósfera dentro del lujoso auto era sofocante, y no precisamente por la humedad que impregnaba el aire.
Había algo en Zane Blackford que la ponía en alerta, como